El territorio que define el término municipal de la Pobla de Vallbona esta conformado por un valle que se abre en dirección este - oeste hacia la huerta de Valencia y queda delimitado por la ribera izquierda del Túria hasta las suaves ondulaciones que la separan del Carraixet. Este valle esta dividido en sentido este - oeste por el camino de Llíria, la parte de abajo corresponde a la depresión del Túria y está conformada por tierras aluviales bien irrigadas por un complejo sistema de acequias dotadas de aguas del Túria. A la parte de arriba se configura el secano, donde la extensión del regadío ha ido ganando terreno a lo largo del siglo XX con la perforación de diversos pozos. La Pobla de Vallbona disfruta de un clima templado que le ha posibilitado la explotación agraria del territorio a lo largo del tiempo.
La fertilidad agrícola de este valle ha posibilitado una continuidad de población desde la época ibérica, donde las tierras de la Vallbona formaban parte del subsistema de cultivos descentralizados de la ciudad íbera de Edeta. Igualmente, con la conquista romana se mantiene un sistema de explotación de la tierra que, a partir de villas, explota sistemáticamente el espacio agrícola en beneficio de las elites de una ciudad próxima. En este territorio hemos podido identificar diversos yacimientos (camp de Castellet, o bien la partida de Rascaña) con restos de edificaciones domésticas, agrícolas o industriales, que nos hablan de un aprovechamiento sistemático de los recursos naturales.
La dominación musulmana, primero al califato, o después, desde la taifa de Valencia, propició el desarrollo de la alquería de Benaguasil como una unidad de poblamiento importante, dotada de mezquita, torre, cisterna y un sistema defensivo amurallado dotado de torres capaz de albergar en el momento de la conquista más de dos mil quinientas almas. De la época taifa, son los trazados de las acequias del Alguacil, el Campés, de Dalt y de Baix, todas ellas ligadas a la introducción de nuevos modos de producción agrícola con la introducción de cultivos como el arroz en las tierras inundables, o la caña de azúcar y los frutales de irrigación.
A partir de la conquista cristiana, la documentación escrita nos es cada vez más generosa, una nueva organización social se impone ahora sobre las bases del derecho y la escritura registral se impone como la forma más eficaz de afirmar la propiedad. Los registros de propiedad, los pleitos y las series fiscales, serán ahora cada vez más numerosos y dejan constancia de las condiciones de la forma de la primera repoblación por un reducido número de cristianos en medio de una comunidad musulmana fuertemente arraigada y cohesionada, que no dejará de producir conflictos, entre otros motivos por los usos del agua en los intereses por la explotación de la tierra, unos usos y costumbres que responden ahora a diferentes patrones culturales, los islámicos, con huertas de arroz y hortalizas y los cristianos, con trigos y viñas.
De esta conflictividad, nos queda un primer registro de un pleito dirimido por Jordi Joan, procurador del Infante Martí en 1380, entre el alcaid de Benaguasil y la Universitad de la Pobla por los derechos de riego se derivan de la acequia compartida del Alguacil. En este mismo documento se le otorga a la Universidad de la Pobla la capacidad de regular el riego en su término y establecer síndicos y alguaciles que se cuiden del sistema de riegos.
Esta conflictividad por el agua va a permanecer en el tiempo, no solo con Benaguasil, sino que también la encontraremos enmascarada en la conflictividad que mantienen los pueblos - castillo con el Tribunal de las aguas de Valencia y es que, en tiempos de sequía y estiaje, la proximidad al río o el estar situado aguas arriba no deja de ser una tentación.
La primera noticia documental que tenemos de la Puebla de Benaguasil como entidad jurídica propia es La Carta puebla del año 1382 otorgada a Fuero de Aragón por el Duque de Sogorb a una pequeña comunidad de cristianos que se ha establecido de forma ya definitiva separada del viejo núcleo de Benaguasil, como única forma de superar los problemas de convivencia que no debió ser nada pacífica.
La dualidad de poblamiento, moriscos, y cristianos, como también la dualidad jurídica inicial, Fuero de Aragón en las tierras señoriales y Fuero de Valencia en las de realengo, estuvieron en el origen de los conflictos por los intereses económicos entre las dos comunidades. Conflictos que acabaron resolviéndose con la separación física de las dos comunidades en núcleos de población diferentes. De esta manera, en el año 1401, el Papa Benito XIII cede las rentas de la parroquia de la Pobla a la cartuja de Porta-Coeli y en el año 1403 un decreto episcopal de Hug Lupià-Bagés, obispo de Valencia, fija la residencia del Rector parroquial en la Pobla como fórmula para superar la contínua conflictividad que se da entre cristianos y musulmanes en la villa de Benaguasil.
Treinta años después volvemos a encontrar signos de conflictividad por colisión de los intereses del desarrollo económico, ahora la fricción se manifiesta con los monjes de Porta-Coeli por los derechos de pastos en el la dehesa que el monasterio tiene en la Casa Blanca.
El modelo de repoblación desarrollado a lo largo del país, un modelo de superposición de poblaciones cristianas y musulmanas en un mismo territorio, no estuvo nunca exento de producir una amplia conflictividad social. Una conflictividad que termina en crisis general con las revueltas de los agermanados. Los agermanados (menestrales y ciudadanos) vieron en los moriscos como aliados de los señores en la defensa de sus intereses feudales frente a los cada vez más fuertes intereses ciudadanos. Por otra parte, a lo largo del siglo XVI se fue generando la idea de la homogeneidad social y territorial como base ideológica del Estado moderno. Cuando con el cambio de siglo la Monarquía Hispánica abandone sus intereses europeos y se centre en los problemas internos, lo primero que va a abordar es la homogeneidad social y con ello recurrirá a aumentar la presión sobre los moriscos. El año 1609 tendrá unos efectos negativos de larga duración sobre la población de la Pobla. La expulsión de los moriscos, decidida por Felipe III, supuso una pérdida de unos 300 vecinos, el 48% de su población total, según se desprende de las series fiscales de 1606 y 1647. Una pérdida de población que no se recuperará hasta bien entado el siglo XVIII.
Documentación Histórica:
Durante el siglo XVIII, en el marco de la recuperación económica del campo valenciano, se observa un empuje de las nuevas transformaciones agrícolas que se nos manifiesta en la construcción de las Masías. Algunas de ellas ya existían como explotaciones agrícolas integradas y dispersas, pero es ahora cuando adquieren una fisonomía que las define como tales, apareciendo ligadas a la penetración del capital rentista de la ciudad en el campo animado por las buenas expectativas comerciales del vino y los productos agrícolas para la exportación, en una tendencia que la veremos prolongarse hasta bien entrado el siglo XIX. El Corral Roig de La Eliana se transforma en la posesión carmelita de la Eliana, posesión que será capaz de abastecer poniendo en explotación nuevas tierras, las necesidades alimentarias del Carmelo de Valencia. Al mismo tiempo, Porta-Coeli inicia una extensión de los cultivos de la viña en sus tierras de la Casa Blanca con propósitos comerciales. También, es ahora cuando veremos como el Mas Nou o la Masía de Tous amplían las extensiones de regadío en sus tierra con la construcción de importantes obras hidráulicas.
Esta expansión agrícola que se prolonga hasta el siglo XIX, ligada a las buenas expectativas exportadoras para los productos agrícolas, se saldará con un importante aumento de la superficie cultivada que dobla la cantidad de las tierras explotadas de secano y de huertas irrigadas, es un aumento que en muchos casos necesita de fuertes inversiones en maquinaria para elevar las aguas del Túria, así vemos como el 1845 la fundición de Bofill y Compañía de Valencia produce un ingenio de elevación con motor y noria para la Puebla de Vallbona.
A lo largo del siglo XIX, con el proceso de desamortización, se inicia el proceso de transferencia de la propiedad de la tierra hacia los explotadores más o menos directos, en un proceso largo y que no estará exento de dificultades jurídicas.
La masía Casa Blanca fue primero adquirida, por Vicent Torner, posiblemente el ultimo arrendatario de los monjes cartujos, pero la venderá posteriormente a Rafael Bertán de Lis. La fallida económica de éste junto a su hermano Manuel, propiciará el embargo del Estado por 140704 escudos, un rescate que nunca se hizo efectivo y la propiedad quedó en manos del Estado hasta que en el año 1948 fue reparcelada por el ICO y dada en propiedad a los nuevos colonos. Igual suerte tuvo la posesión carmelita de la Eliana que pasó también por diversas manos, primero por las de sus últimos arrendatarios, después de la fallida hasta llegar a las manos del marqués de Casa Ramos, para disgregarse finalmente entre sus aparceros a lo largo del siglo XX. Se completa de esta manera la transferencia de la tierra de las manos muertas y los vínculos señoriales hacia los aparceros en un proceso de más de cien años y no exento de operaciones de especulación fiscal y económica.
Con diferentes ciclos de expansión y crisis, el campo de la Pobla de Vallbona irá especializándose en las producciones de huerta y de exportación en un marco más amplio de dimensiones comarcales en el que penetrarán la naranja y la cebolla marcando la especialización comercial dando origen a una agricultura plenamente capitalizada orientada exclusivamente al mercado.
El desarrollo de los medios de comunicación durante el siglo XX, y en concreto, la penetración del camión como elemento básico para la distribución de mercancías, hará bascular el eje de la distribución de la cebolla desde Benaguasil, donde se concentra por su localización en la red ferroviaria, a la Pobla de Vallbona, mejor orientada ésta, en las vías de comunicación por carretera y en una posición central en la comarca de Camp de Túria sobre el eje Valencia - Llíria. Los años sesenta y setenta son la época dorada para la comercialización de la cebolla desde la Pobla de Vallbona, con una fuerte expansión de los almacenes de transformación agrícola que se situarán en la base de la acumulación de capitales para el posterior desarrollo industrial. El otro pilar sobre el que se sustenta el desarrollo económico de la Pobla lo constituye la ubicación en una parte de los terrenos de la Masía de Tous de la Factoría de IBM España en los años setenta, que servirá de plataforma de reclamo para la primera oleada migratoria de técnicos industriales vinculados a la producción de nuevas tecnologías.
La situación de la Pobla de Vallbona, en el eje central de la comarca del Camp de Túria, que se abre a los Serranos por el noroeste y a escasos 18 Km. de Valencia, comunicada por autoría con el aeropuerto y el puerto de la capital, han favorecido en la última década una fuerte expansión industrial con la generación de cuatro unidades de actuación industrial y un aumento significativo de la demanda de viviendas de calidad ligada a los usos de posmodernos de las burguesías urbanas de Valencia ciudad y que han hecho posible un crecimiento de la población en la década de los noventa de un 38%, situándose en 2005 en 17000 habitantes con una previsión de crecimiento para la primera década del siglo XX que supera los 1000 habitantes/año. La Pobla de Vallbona se incorpora así a la posmodernidad de una economía de servicios e industrial para dejar la agricultura, la que fue el motor de su vida económica durante cuatrocientos años, en un segundo término.